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Con cariño a todos los lectores de esta sección, en esta ocasión les hablaré de CUANDO DECIR BASTA.

Este relato me lo envió mi maestra Patricia Hausel y lo comparto con ustedes.

Un hijo se quejaba con su madre de su vida y de cómo todo le resultaba tan difícil.

Ella lo llevó a la cocina; allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias; en otra, huevos; en la tercera, puso granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

A los veinte minutos apagó el fuego. Sacó todo del fuego. Mirando a su hijo le dijo: ¿Qué ves? Zanahorias, huevos y café, fue su respuesta. Qué significa esto madre?

Es química, le explicó: los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero han reaccionado de forma diferente en función de sus características.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura; pero, después de pasar por el agua hirviendo, se ha puesto débil, fácil de deshacer. El huevo ha llegado al agua frágil, su cáscara protegía un líquido interior; pero, después de estar en el agua hirviendo, su interior se ha endurecido. Los granos de café, sin embargo, son únicos: después de estar en el agua hirviendo, ha sido capaces de cambiar el agua y sus propiedades.

¿Cuál eres tú hijo, cuando la adversidad llama a tu puerta? ¿Cómo vas a responder?

¿Cuántas veces escuché este cuento y la hermosa moraleja que nos deja respecto de la importancia de ser resistente en la vida?

Sin embargo hoy traigo una mirada diferente. ¿Siempre hay que aguantar, tolerar, ceder y sostener las relaciones? ¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el momento para decir basta?

¿Qué nos tiene que pasar para darnos cuenta que no tenemos las propiedades del café y que no podemos cambiar a nadie?

Nos enseñaron en nombre del amor a aguantar, tragar saliva, contar hasta diez, soportar, resistir, tolerar, llorar en silencio, sufrir, sobrellevar, callar, armarse de paciencia, hacernos el distraído, disimular o conformarnos mientras luchamos por cambiar el otro. Nos enseñaron que nosotros somos poderosos y que nuestro amor puede cambiar al más duro. ¿Es así como funcionan las cosas?

Desde mi experiencia perdemos muchos años y mucha energía en relaciones que sabemos desde el principio que no funcionarán.

¿Entonces para qué ser resistente? ¿Para qué mantener una relación que tiene la sentencia de su muerte anunciada?

En nombre del amor soportamos la pérdida de nuestra propia identidad y nuestros gustos, aburrimiento, críticas, sometimiento, manipulación, que nos hagan sentir culpables, desvalorizaciones, que a veces nos humillen delante de los demás, nos griten, etc...

  • ¿Qué nos impide darnos cuenta que no va a funcionar?
  • ¿Qué nos impide ver lo que no es, como necesitamos?
  • ¿Para qué miramos para otro lado?
  • ¿Para qué negamos que las cosas no estén bien?
  • ¿Cuál es el beneficio secundario?
  • ¿La comodidad?
  • ¿Tenemos idea del precio que pagamos para "sentirnos cómodos" un tiempo y después darnos cuenta que nos equivocamos?

Quizás porque me tocó trabajar últimamente con personas que sostuvieron relaciones y perdieron sus mejores años tratando de hacerlas funcionar, cuando nada avizorara que esto fuera posible, es que escribo esto hoy.

Estoy a favor de la familia y de mantener relaciones duraderas pero hace tiempo que me di cuenta que no soy café y que no tengo el poder de cambiar a nadie, que no quiera cambiar.

Por lo tanto estoy atenta, observo señales y pienso si puedo aceptar las diferencias del otro, si puedo convivir con ellas sin pasar factura más tarde.

Reconozco el precio que pago y me pregunto si estoy dispuesta a seguir pagándolo.
Estoy en contacto con mis emociones y con lo que me pasa y con lo que no me pasa con el otro y me pregunto si estoy bien con eso y si no lo estoy tomo acción y busco alternativos.

  • ¿Para qué te preocupas por estar incómodo o solo?
  • ¿Qué te lleva a hacer importante al otro y no buscar tu felicidad?
  • ¿Quién te enseñó que hay que aguantar a costa de tu propio sometimiento?
  • ¿Estás seguro que prefieres buscar un culpable por no ser feliz que no hacerte cargo tú mismo?
  • ¿Quién más que tú es responsable por ella?
  • ¿Quién más que tú puede buscarla y defenderla?

Desde este pequeño lugar que tengo en tu mundo te invito a observar tus relaciones y tu capacidad de ser feliz en ellas y te inspiro a decir basta cuando tengas que decir basta, de no sostener una relación que ya no funciona ni puede funcionar y de elegirte a cada momento que sientas que no estás al total de tus posibilidades "en nombre del amor".

Las telenovelas nos muestran al amor relacionado con el sufrimiento y nosotros creemos que es así. No nos damos cuenta que así no funciona en la vida real.

Yo creo que el amor es alegría y es compartir felicidad. Que amar al otro es disfrutar con el otro y ayudarle a que salga su mejor parte.

Por lo menos este es el amor que yo descubrí que existe, cuando aprendí a decir basta a no ser yo.

Saludos con cariño
Adela Gil

Si desean contactarme escriban a mi correo electrónico:
mongil2004@yahoo.com.mx

 

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