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Con cariño a todos los lectores de esta sección, en esta ocasión les hablaré de VALORES Y POSESIONES
Es curiosa la forma como las personas sienten seguridad a través de sus posesiones y no de sus valores.
Alguna vez una amiga me comento algo muy gracioso, cuando se enteró que tenía una entrevista de trabajo.
- Ella me dijo: Cuando te encuentres en la entrevista imagínate a la persona en ropa interior. Estando frente a la persona, trate de hacer el ejercicio que mi amiga me había sugerido y dio buen resultado bajo mi tensión y pude relajarme más, a pesar de saber que la persona que está detrás del escritorio tiene en ese momento el poder.
Pero después de haber vivido esa experiencia imagine que pasaría con todas las personas con las que nos relacionamos si en lugar de imaginarlas en ropa interior la imagináramos desnudas y sin posesiones.
Pensaríamos igual de aquel que presume por su carro deportivo último modelo, o de aquel director, o directora de una empresa que se viste con la ropa de moda, o de aquella persona que solo habla de sus posesiones, de sus logros económicos, de su residencia que esta construyendo, o las personas que se pasan presumiendo del último viaje no por lo que aprendieron sino por lo que gastaron.
Tal vez debemos reflexionar en que todos somos iguales sin posesiones, pero no somos iguales sin valores. Es ahí donde nos debemos reforzar, donde debemos sentir el orgullo de lo que hacemos sin que las personas lo sepan, pero que está guardado en nosotros.
Si pensáramos que una enfermedad nos hace a todos vulnerables, y no digamos la muerte, o la falta de amor que no puede comprarse.
Qué diferentes seríamos si una persona recurre a nosotros para pedirnos dinero porque no tiene para comer, y si, aparte de darle una cantidad, fuéramos al súper y le compráramos una vasta despensa para que por lo menos unos días no padeciera mientras la situación mejora.
O a esa persona que no tiene para cubrir una cuenta le pudiéramos colocar el dinero en su buzón para que pudiera pagar. O ayudar a cualquier persona no importando cuál es su posición y menos cuáles son sus posesiones.
Deberíamos ser menos egoístas y tener presente que todos nuestros valores se encuentran no en nuestra casa, en nuestra cuenta de Banco, o en el carro que poseo, ni los títulos de la carrera que hice, sino en el valor del desprendimiento que puedo tener al ver que alguien me necesite en cualquier situación y yo puedo darle desde ese consejo, ese abrazo, ese dinero, esa compañía cuando no me está esperando, pero, sé que me necesita.
Al desprendernos nos llenamos más, somos más, y nos valoramos más.
Tratemos de despojar y despojarnos metafóricamente de nuestras ropas, y aprendamos a valorar a los demás no por sus posesiones sino por sus valores.
Saludos con cariño, Adela Gil
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Adela Gil
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